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Las máquinas tragamonedas, también denominadas máquinas tragaperras en España, son máquinas que a cambio de una cantidad de dinero apostado dan un tiempo de juego y eventualmente un premio en efectivo.
Estas máquinas pueden ser de dos tipos:
Existen distintas apuestas en una máquina. También se puede jugar a sencillo, doble, triple, quíntuple. Cuanto más alta sea la apuesta, los premios también aumentan. Existen también tragamonedas progresivas. Las tragamonedas progresivas ofrecen un gran potencial de ganar interesantes botes. Cada vez que alguien juega un juego de tragamonedas progresiva, se agrega cada vez más dinero al bote y por eso se lo llama “progresivo”.[2] Actualmente se están imponiendo las máquinas digitales, que sustituyen a los tradicionales rodillos. Hay también máquinas mixtas, en las que se combinan rodillos en el juego inferior y un sistema digital en el superior.
El término tragaperras, es una palabra compuesta derivada de las monedas o “perras” que se introducen o que se "traga" la máquina.
La perra es la forma coloquial de denominar a unas antiguas monedas españolas, cuyo valor podía ser de 5 céntimos de peseta, llamada "perra chica", o de 10 céntimos de peseta, siendo entonces "perra gorda".
Existen distintos tipos de máquinas recreativas. En España las especificaciones y características de funcionamiento e instalación de las recreativas o tragamonedas vienen fijadas por el Reglamento de máquinas recreativas y de azar, publicado en el BOE. A la vez las Comunidades Autónomas poseen prerrogativas específicas que afectan también a la legislación de las máquinas recreativas y de azar.
En lo que se refiere a los criterios generales, recogidos en el citado Reglamento, se distinguen tres tipos distintos de máquinas.
Según el BOE, se trata de “todas aquellas de mero pasatiempo o recreo que se limitan a conceder al usuario un tiempo de uso o de juego a cambio del precio de la partida, sin que puedan conceder ningún tipo de premio en metálico, en especie o en forma de puntos canjeables por objetos o dinero”. Es decir, que su uso es sólo recreativo. También se incluyen en este tipo de máquinas aquellas que ofrezcan como aliciente añadido la posibilidad de que, por habilidad del jugador, se le concede un tiempo extra de juego. Pero en ningún caso se contempla la posibilidad de obtener un premio en metálico o canjeable por dinero. El único interés de este tipo de recreativas es, pues, el tiempo de juego. Son como ejemplo del tipo A las recreativas de dardos, futbolín, billar y similares.
Aparte del tiempo de juego con un elemento de interés: ofrecen al jugador la posibilidad de ganar un premio en metálico (ya se llame jackpot o reciba otro nombre) o canjeable en dinero. O como las define el BOE, las máquinas de premio programado son «aquellas que, a cambio del precio de la partida, conceden al usuario un tiempo de uso o de juego y, eventualmente de acuerdo con el programa de juego, un premio en metálico». Además el Ministerio del Interior puede incluir como máquinas tipo B aquellas que considere oportunas entre las distintas máquinas que incluyan elementos de juego, de apuesta, de envite o de azar. Por tanto y volviendo a la definición principal, las máquinas tipo B son aquellas que además de dar juego ofrecen una compensación económica programada. Dependiendo del tiempo de juego o del orden de jugadas, el jugador obtiene un premio. Es el tipo de máquinas más extendido en bares, cafeterías, locales de restauración y hostelería.
A este efecto es muy interesante ver la variedad de modelos de máquinas recreativas de tipo B, que pueden ser analógicas o digitales, a menudo combinando los dos sistemas (rodillos y pantallas de aventura gráfica) en la actualidad. El éxito de cada uno de estos modelos, con sus juegos específicos, es variable a nivel regional y también individual y de su popularidad depende que el negocio que la tenga instalada le pueda sacar rentabilidad.
Como las máquinas B, el precio de la partida incluye un tiempo de juego y la posibilidad de hacerse con un premio en metálico o canjeable por dinero. La diferencia con las de tipo B está especificada en el Reglamento: “a los efectos de esta definición, se entiende por azar el que la combinación o resultado de cada jugada no dependa de combinaciones o resultados anteriores o posteriores”. Así que en este caso el elemento definitorio es la aleatoriedad.
La primera “bandida de un brazo” fue inventada por Charles Fey en San Francisco, California, Estados Unidos, quien ideó un mecanismo automático muy simple.[3] Muchos aseguran que Fey inventó la máquina en 1887, sin embargo algunos creen que puede haberla concebido en 1895.[4] Debido al amplio número de posibles ganadores con el juego original de cartas póquer, fue prácticamente imposible tener una máquina capaz de realizar pagos automáticos para todas posibles combinaciones ganadoras. Charles Fey ideó una máquina con tres ruedas giratorias conteniendo un total de cinco símbolos - herraduras de caballos, diamantes, espadas, corazones y una Campana de la Libertad, la cual también dio el nombre a la máquina. Remplazando diez cartas con cinco símbolos y utilizando tres ruedas en vez de cinco tambores, la complejidad de leer una victoria fue reducida considerablemente, permitiendo a Fey diseñar un mecanismo de pago automático. Tres campanas en línea producían la mayor ganancia, diez monedas de cinco centavos.
Liberty Bell fue un éxito rotundo y dio paso al florecimiento de una industria de juegos mecánicos. Aunque la utilización de estos dispositivos de apuestas fue prohibido en su estado natal tras algunos años, Fey no pudo con la demanda de la fabricación para el juego en otros lados. La máquina de la Campana de la Libertad fue tan popular que fue copiada por muchos fabricantes de máquinas tragaperras. Para 1907, el fabricante Herbert Mills de Chicago produjo una máquina llamada Operador de la Campana o "Operator Bell". Para 1908 muchas de las máquinas fueron instaladas en tiendas de cigarros, salones, boliches, barberías y burdeles.[5] La máquina Campana de la Libertad original puede verse todavía en el “Liberty Belle Saloon & Restaurant” en Reno, Nevada.
Sittman y Pitt de Brooklyn, New York, Estados Unidos desarrollaron una máquina de apuestas en 1891 la cual fue la precursora de la máquina tragaperras. Contenía cinco tambores con 50 cartas y estaba basada en el póquer. Está máquina probó ser extremadamente popular y muchos bares en la ciudad tenían una o más máquinas. Los jugadores metían una moneda de cinco centavos de dólar y accionaban una palanca, la cual hacía girar los tambores y las cartas que contenía, el jugador esperaba por una buena mano de póquer. No existía un mecanismo de paga directo, entonces si se sacaba una pareja de reyes el jugador podía obtener una cerveza gratis, o si sacaba una flor imperial podía obtener cigarros o bebidas, los premios dependían directamente de lo que el establecimiento ofreciera. Para mejorar las posibilidades de la casa, dos cartas eran removidas de la baraja: el diez de picas y la Sota de corazones, lo cual doblaba las posibilidades en contra de obtener una flor imperial. Los tambores también se ordenaban para reducir las posibilidades para ganar del jugador.
Otra de las primeras máquinas ofrecía premios en la forma de goma de mascar de sabores con las imágenes de los sabores como símbolos en las ruedas. Los símbolos populares de cereza y melón derivan de esta máquina. El símbolo BAR, que actualmente es muy común en las máquinas tragaperras, provenía del logotipo de la compañía "Bell-Fruit Gum Company". El pago de premios de comida fue una técnica muy comúnmente utilizada para evitar las leyes en contra de las apuestas en algunos estados, y por esta razón un número de máquinas expendedoras de chicles y otros alimentos fueron miradas con desconfianza por las cortes. Los dos casos de Iowa del Estado contra Ellis[6] y el Estado contra Striggles[7] fueron ambos utilizados en las clases de derecho penal para ilustrar el concepto de confianza en la autoridad mientras se relaciona con el axioma ignorantia juris non excusat ("el desconocimiento de la ley no es excusa").[8] En estos casos, una máquina expendedora de caramelos de menta fue declarada como un dispositivo de apuestas debido al hecho que la máquina (internamente manufacturada) tenía la posibilidad de otorgar al siguiente usuario de la máquina un número de fichas intercambiables por más caramelos. Aunque el resultado del siguiente uso fuera desplegado en la máquina, ambas cortes determinaron que "El incentivo para que cada obra fue la posibilidad de que por que el juego sería la instalación de máquinas para indicar que se pagarían los controles en la jugada siguiente. Lo que atrajo a los jugadores fue la posibilidad de que finalmente iba a recibir algo por nada. La máquina hizo un llamamiento a la propensión del jugador para jugar, y que es [un vicio]."[9]
En 1963, Bally Technologies desarrolló la primera máquina tragaperras electromecánica llamada Money Honey, aunque máquinas anteriores tales como High Hand máquina de póquer de Bally mostraba principios básicos de construcción electromecánica a principios de 1940. El acercamiento electromecánico en la década de 1960 permitió a Money Honey ser la primera máquina tragaperras con una tolva en el fondo para un pago automático, hasta 500 monedas sin necesidad de ayuda de un asistente.[10] La popularidad de esta máquina condujo al incremento de los videojuegos, y la palanca lateral se convirtió en dispensable. Más tarde aparecieron tragaperras electrónicas que permitieron ampliar el abanico de mecanismos de juego a ofrecer.
La primera máquina de videojuego en ofrecer una "segunda pantalla" con ronda de bonos fue Reel 'Em In, desarrollada por WMS Industries Inc. en 1996. En este tipo de máquina, la pantalla cambia para proveer un juego diferente donde pagos adicionales se pueden ganar o acumular.
Hoy en día, los juegos de máquinas tragaperras en línea se están convirtiendo en gran medida populares y que permiten a los usuarios jugar pagando o jugar de forma gratuita desde la comodidad de sus hogares. Decenas de sitios ofrecen esta comodidad a los usuarios.[11]
Se trata de una máquina muy compleja que tiene una gran cantidad de partes móviles y sistemas que trabajan en conjunto. Las tragaperras físicas funcionan cuando se tira de la palanca. Esto pone la tensión en un muelle en espiral que se libera para hacer girar los carretes. La palanca también fija la tensión en cada carrete para darles un tiempo aleatorio en el que se detendrá. Las ranuras pequeñas en cada carrete permiten la máquina muestre el símbolo en que cada carrete se ha detenido, y esto le dice a la máquina de la cantidad a pagar a cabo. Las tragaperras en línea, los sistemas son un poco diferentes, pero funcionan de manera muy similar. Al pulsar el botón “Girar” en la máquina tragaperras, un número totalmente aleatorio determina cuándo cada carrete se detendrá. Por supuesto, es mucho más fácil de programar la máquina tragaperras en línea para saber qué símbolos han surgido en cada carrete, y también se puede dar a los jugadores múltiples líneas de pago, juegos laterales adicionales y más. Esta es la razón por la que las máquinas tragaperras en línea se han vuelto tan populares. [12]
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