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Guerra (4314 views - History & Epochal Times)

La guerra, en su sentido estrictamente técnico, es aquel conflicto social en el que dos o más grupos humanos relativamente masivos —principalmente tribus, sociedades o naciones— se enfrentan de manera violenta, preferiblemente, mediante el uso de armas de toda índole, a menudo con resultado de muerte —individual o colectiva— y daños materiales de una entidad considerable.[1]​[2]​ La guerra es la forma de conflicto socio-político más grave entre dos o más grupos humanos. Es quizás la más antigua de las relaciones internacionales y ya en el comienzo de las civilizaciones se constata el enfrentamiento organizado de grupos humanos armados con el propósito de controlar recursos naturales o humanos (conflictos entre cazadores nómadas y recolectores sedentarios que sí desarrollaron el concepto de "propiedad"),[3]​ exigir un desarme o imponer algún tipo de tributo, ideología o religión, sometiendo, despojando y, en su caso, destruyendo al enemigo, en lo que se podía llegar y se llegó frecuentemente al genocidio. Es más, este tipo de conducta gregaria es extensible a la mayor parte de los homínidos[4]​ y se encuentra estrechamente relacionado con el concepto etológico de territorialidad. Las guerras tienen como origen múltiples causas, entre las que suelen estar el mantenimiento o el cambio de relaciones de poder, dirimir disputas económicas, ideológicas, territoriales, etc. En Ciencia Política y Relaciones Internacionales, la guerra es un instrumento político, al servicio de un Estado u otra organización con fines eminentemente políticos, ya que en caso contrario constituiría una forma más desorganizada aunque igualmente violenta: el bandolerismo por tierra o la piratería por mar. Según Richard Holmes, la guerra es una experiencia universal que comparten todos los países y todas las culturas.[5]​ Según Sun Tzu, «La guerra es el mayor conflicto de Estado, la base de la vida y la muerte, el Tao de la supervivencia y la extinción. Por lo tanto, es imperativo estudiarla profundamente».[6]​ Por demás, la forma más astuta de ejercerla sería soslayarla de manera que no hubiera necesidad de llegar a ella. Según Karl von Clausewitz, la guerra es «la continuación de la política por otros medios».[7]​ Las reglas de la guerra, y la existencia misma de reglas, han variado mucho a lo largo de la historia. El concepto de quiénes son los combatientes también varía con el grado de organización de las sociedades enfrentadas. Las dos posibilidades más frecuentes son civiles sacados de la población general, generalmente varones jóvenes, en caso de conflicto, o soldados profesionales formando ejércitos permanentes. También puede haber voluntarios y mercenarios. Las combinaciones de varios o de todos estos tipos de militares son asimismo frecuentes. Las formas de hacer una guerra dependen de los propósitos de los combatientes. Por ejemplo, en las guerras romanas, cuyo objetivo era expandir el imperio, el objetivo militar principal eran los combatientes de la nación a conquistar, para incorporar el pueblo una vez conquistado al imperio. En la actualidad, a veces se hace distinción entre conflictos armados y guerras. De acuerdo con este punto de vista, un conflicto solo sería una guerra si los beligerantes han hecho una declaración formal de la misma. En una concepción de la doctrina militar de Estados Unidos no se hace distinción alguna, refiriéndose a los conflictos armados como guerras de cuarta generación. Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el año 2010 hubo 246 enfrentamientos armados en 151 lugares del mundo.
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Guerra

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Guerra

La guerra, en su sentido estrictamente técnico, es aquel conflicto social en el que dos o más grupos humanos relativamente masivos —principalmente tribus, sociedades o naciones— se enfrentan de manera violenta, preferiblemente, mediante el uso de armas de toda índole, a menudo con resultado de muerte —individual o colectiva— y daños materiales de una entidad considerable.[1][2]

La guerra es la forma de conflicto socio-político más grave entre dos o más grupos humanos. Es quizás la más antigua de las relaciones internacionales y ya en el comienzo de las civilizaciones se constata el enfrentamiento organizado de grupos humanos armados con el propósito de controlar recursos naturales o humanos (conflictos entre cazadores nómadas y recolectores sedentarios que sí desarrollaron el concepto de "propiedad"),[3]​ exigir un desarme o imponer algún tipo de tributo, ideología o religión, sometiendo, despojando y, en su caso, destruyendo al enemigo, en lo que se podía llegar y se llegó frecuentemente al genocidio. Es más, este tipo de conducta gregaria es extensible a la mayor parte de los homínidos[4]​ y se encuentra estrechamente relacionado con el concepto etológico de territorialidad.

Las guerras tienen como origen múltiples causas, entre las que suelen estar el mantenimiento o el cambio de relaciones de poder, dirimir disputas económicas, ideológicas, territoriales, etc. En Ciencia Política y Relaciones Internacionales, la guerra es un instrumento político, al servicio de un Estado u otra organización con fines eminentemente políticos, ya que en caso contrario constituiría una forma más desorganizada aunque igualmente violenta: el bandolerismo por tierra o la piratería por mar.

Según Richard Holmes, la guerra es una experiencia universal que comparten todos los países y todas las culturas.[5]​ Según Sun Tzu, «La guerra es el mayor conflicto de Estado, la base de la vida y la muerte, el Tao de la supervivencia y la extinción. Por lo tanto, es imperativo estudiarla profundamente».[6]​ Por demás, la forma más astuta de ejercerla sería soslayarla de manera que no hubiera necesidad de llegar a ella. Según Karl von Clausewitz, la guerra es «la continuación de la política por otros medios».[7]

Las reglas de la guerra, y la existencia misma de reglas, han variado mucho a lo largo de la historia. El concepto de quiénes son los combatientes también varía con el grado de organización de las sociedades enfrentadas. Las dos posibilidades más frecuentes son civiles sacados de la población general, generalmente varones jóvenes, en caso de conflicto, o soldados profesionales formando ejércitos permanentes. También puede haber voluntarios y mercenarios. Las combinaciones de varios o de todos estos tipos de militares son asimismo frecuentes.

Las formas de hacer una guerra dependen de los propósitos de los combatientes. Por ejemplo, en las guerras romanas, cuyo objetivo era expandir el imperio, el objetivo militar principal eran los combatientes de la nación a conquistar, para incorporar el pueblo una vez conquistado al imperio.

En la actualidad, a veces se hace distinción entre conflictos armados y guerras. De acuerdo con este punto de vista, un conflicto solo sería una guerra si los beligerantes han hecho una declaración formal de la misma. En una concepción de la doctrina militar de Estados Unidos no se hace distinción alguna, refiriéndose a los conflictos armados como guerras de cuarta generación.

Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y el año 2010 hubo 246 enfrentamientos armados en 151 lugares del mundo.

Definiciones y conceptos

Aristóteles afirmó que la guerra sólo sería un medio en vista de la paz, como lo es el trabajo en vista del ocio y la acción en vista del pensamiento.[8]

La guerra, santiago sol dice el Marqués de Olivart, es el litigio entre las naciones que defienden sus derechos, en el cual es el juez la fuerza y sirve de sentencia la victoria. Hugo Grocio la definió como status per vincertatium qua tales sunt. Por su parte, Alberico Gentilis afirmó que Bellum est armorum publicorum ensta contentio.[9]Funk - Bretano y Alberto Sorel escribieron: "La guerra es un acto político por el cual varios Estados, no pudiendo conciliar lo que creen son sus deberes, sus derechos o sus intereses, recurren a la fuerza armada para que esta decida cuál de entre ellos, siendo más fuerte, podrá en razón de la fuerza, imponer su voluntad a los demás.[10]​".

Joseph de Maistre (1821) dijo, en sus Soirees de Saint Petesburg: "La guerra es divina en la gloria misteriosa que le rodea y en el atractivo no menos explicable que nos lleva hacia ella. La guerra es divina por la manera como se produce independientemente de la voluntad de los que luchan. La guerra es divina en sus resultados que escapan absolutamente a la razón".[9]

G.W.F Hegel escribió: "la guerra es bella, buena, santa y fecunda; crea la moralidad de los pueblos y es indispensable para el mantenimiento de su salud moral. Es en la guerra donde el Estado se acerca más a su ideal porque es entonces cuando la vida y los bienes de los ciudadanos están más estrechamente subordinados a la conservación de la entidad común[10]​".

El instituto de investigación de la paz internacional de Suecia, define la guerra como todo aquel conflicto armado que cumple dos requisitos:[11]​ enfrentar al menos una fuerza militar, ya sea contra otro u otros ejércitos o contra una fuerza insurgente y haber muerto diez mil o más personas.

Johan Huizinga establece que la guerra obtiene un carácter lúdico cuando se cumple con la condición agonal; el elemento agonal empieza a actuar en el momento en el que los adverarios se consideran enemigos que luchan por una cosa a la que pretenden tener derecho.[12]

El jurista Rudolf von Ihering en su Der Kampf ums Recht o La lucha por el Derecho (1872) sostuvo que la fuerza es la base del derecho y que el derecho sin la fuerza es una utopía.[13]​ Pero el derecho es la lucha contra la injusticia:

Todo derecho en el mundo debió ser adquirido por la lucha; esos principios de derecho que están hoy en vigor ha sido indispensable imponerlos por la lucha a los que no lo aceptaban, por lo que todo derecho, tanto el derecho de un pueblo, como el de un individuo, supone que están el individuo y el pueblo dispuestos a defenderlo. El derecho no es una idea lógica, sino una idea fuerza; he ahí porque la justicia, que sostiene en una mano la balanza donde pesa el derecho, sostiene en la otra la espada que sirve para hacerle efectivo. La espada, sin la balanza, es la fuerza bruta, y la balanza sin la espada, es el derecho en su impotencia; se completan recíprocamente: y el derecho no reina verdaderamente, más que en el caso en que la fuerza desplegada por la justicia para sostener la espada, iguale a la habilidad que emplea en manejar la balanza.[14]

Causas de la guerra

Buscar una o varias causas a las guerras ha sido una constante para muchos historiadores y políticos con el fin de evitar posibles conflictos en el futuro o encontrar culpables.[15]​ Así autores como Brian Hayes apuntan a que ciertas causas se tienen como ciertas.

Causas tradicionales

Una de las causas de la guerra es que dos naciones tengan diferencias profundas en diversos temas, que solo pueden resolverse con la vía armada. Desde el punto de vista socio-filosófico, se han avanzado muchas teorías sobre el origen y causa de la guerra. La primera, más contundente, resumida, filosófica, racional (en cuanto a explicar el origen de un fenómeno) es la que propone Platón en La República (tras afirmar que una ciudad es feliz con lo necesario):

"Si queremos tener bastantes pastos y tierras de labor, ¿tendremos necesidad de usurpar algo a nuestros vecinos y nuestros vecinos harán otro tanto con nosotros, si traspasando los límites de lo necesario, se entregan como nosotros al deseo insaciable de enriquecerse?" "¿haremos pues la guerra en pos de esto?" "Hemos descubierto nosotros el origen de este azote, que cuando descarga, acarrea funestos males a los estados y a los particulares".

Sócrates

Además, parece posible tratar de clasificar, muy en general, las teorías en dos grandes divisiones: la que ve la guerra como producto racional de ciertas condiciones, primariamente condiciones políticas (Carl von Clausewitz argumentó que la guerra es la continuación de la política por otros medios[16]​) y otra "irracionalista", que ve la guerra como producto de una tendencia, últimamente irracional, de los seres humanos.

Las teorías irracionalistas pueden aproximarse desde dos puntos de vista:

1. Aquellas que ven el origen de la guerra en causas no atribuible a fundamento racional,[17]​ por ejemplo, sentimientos religiosos[18][19]​ o emociones.[20][21]​ El extremo lógico de esta visión —que el hombre es un animal inherentemente agresivo sujeto a tendencias tanto de competición como cooperación que se observan en animales sociales, situación que demanda la expresión ocasional de tales tendencias— se encuentra en algunas explicaciones ya sea biológicas, psicológicas[22]​ o de la psicología social del origen de conflictos (ver, por ejemplo: Experimento de Robber's Cave).

2. La visión alternativa dentro de esta posición ve la guerra como originándose, a menudo, en equivocaciones o percepciones erróneas. Así, por ejemplo, Lindley y Schildkraut[23]​ argumentan, a partir de un análisis estadístico, que la cantidad de guerras que se podría aducir tuvieron un origen racional ha disminuido dramáticamente en tiempos recientes (Lindley y Schildkraut ofrecen como ejemplos de tales equivocaciones la Guerra de las Malvinas aunque se dice que la causa fue en verdad subir la popularidad de Margaret Thatcher de Inglaterra declarando ella la guerra ya que Argentina no había matado a nadie y ellos hundieron al Belgrano que estaba yendo al continente matando a la mitad de todos los Argentinos que murieron, y la Guerra de Iraq) que otros aluden al deseo de petróleo, riquezas y dominio a la causa.

La visión alternativa, de la guerra como actividad racional, se basa en dos percepciones. La original de von Clausewitz acerca de la guerra constituyendo la persecución de (objetivos de) la política por otros medios, y una percepción posterior (implícita en von Clausewitz) que indica que se recurriría a la guerra cuando se estima que las ganancias superan a las pérdidas potenciales (es decir, a través de un análisis de costo-beneficio). A su vez, se pueden distinguir dos posiciones:

1. La teoría de la primacía de las políticas domésticas: se encuentra, por ejemplo, en las obras de Eckart Kehr y Hans-Ulrich Wehler (op. cit). Para esta posición, la guerra es el producto de condiciones domésticas. Así, por ejemplo, la Primera Guerra Mundial no fue producto de disputas internacionales, tratados secretos o consideraciones estratégicas, sino el resultado de condiciones sociopolíticas, incluyendo económicas, que, a pesar de ser comunes a varias sociedades, hacían sentir tensiones a cada una de ellas en forma interna, tensiones que solo se pudieron resolver a través de la guerra.

2. La teoría de la primacía de la política internacional, que se encuentra, por ejemplo, en la concepción de Leopold von Ranke, de acuerdo a quien son las decisiones de estadistas motivados por consideraciones geopolíticas las que conducen a la guerra.

La decepción estadística

Este deseo de conocer las causas para poder predecir cuando estallará el próximo conflicto ha sido abordado en varias ocasiones. Uno de los investigadores del fenómeno bélico fue Lewis Fry Richardson. Este autor investigó todos los conflictos desde el siglo XIX hasta la década de los 1950; considerando conflicto aquel enfrentamiento donde han muerto personas por causa intencionada de otra persona; de este modo juntaba los conflictos bélicos con las muertes por asesinato y homicidio, la mezcla fue intencionada por sus experiencias en la Segunda Guerra Mundial por las cuales pudo comprobar el efecto de muchas de las órdenes que vio dar y la suerte corrida por muchos soldados, enviados a la muerte a causa de esas órdenes.[15]

Richardson tuvo la idea de catalogar las guerras según el número de muertos de una forma similar a cómo se catalogan los terremotos: según su intensidad. Así, una guerra de magnitud 6 sería en la que morirían de 1 000 000 a 1 999 999 personas; pero por todas las dificultades que halló para saber el número de muertos en una contienda (llegó a decir que resultaba más fácil saber el número de estrellas de una galaxia o de neutrinos en el universo) Richardson aplicó un índice de error de 0,5 (más menos); con este índice de error una guerra de magnitud 3 sería aquella en la que perecieron entre 316 228 y 3 162 278.

Aunque Richardson no fue el primero en recopilar conflictos bélicos su trabajo es uno de los más exhaustivos, pues comenzó en 1940 y siguió hasta el año de su muerte en 1953. Según sus estudios entre 1820 y 1950 hubo 315 conflictos de magnitud 2,5 o superior (al menos 300 muertos).

Pese a reconocer que resulta muy difícil saber cuando comienza un conflicto y cuando termina, si es uno o varios al tiempo o el ya citado número de muertos; los resultados fueron decepcionantes en cierto modo:

La frecuencia con la que estallan las confrontaciones sigue la distribución de Poisson, lo que parece indicar que las guerras son un suceso aleatorio. Así pues el autor concluyó que la principal causa de la guerra es la casualidad.

En segundo lugar, colocó los conflictos cronológicamente y según su magnitud, para saber si algún tipo de conflicto se repetía o si un tipo de guerra iba en aumento o en detrimento respecto a las demás. Los resultados tampoco fueron concluyentes, volviendo a mostrar una distribución muy similar al suceso aleatorio. De esta forma la conclusión es que de las guerras no se aprende a evitarlas y que la probabilidad de que estalle un nuevo conflicto es la misma para cualquier día, no importa si antes ha sucedido otro ni el tamaño de este otro.

Profundizando en su trabajo realizó un estudio de países vecinos que entraban en guerra. Midiendo las fronteras llegó a la conclusión de que un país linda con otras 6 naciones por término medio; por lo que la probabilidad de que una nación entrara en guerra con un vecino era casi del 10 %, si fuera un proceso aleatorio; sin embargo la estadística indicaba que la probabilidad era del 87,33 % (de 94 guerras estudiadas sólo 12 no tenían frontera común). Por lo tanto, según el matemático, otra causa de la guerra es la vecindad.

Richardson también relacionó las guerras con otros factores comúnmente indicados por los historiadores, como crisis económica o religión, llegando a otras tantas decepcionantes conclusiones:

  • La carrera de armamento no tiene porqué desembocar en un conflicto armado: de 315 conflictos sólo en 13 había una carrera de armamento preparatoria.[24]
  • Un idioma común no evita las guerras.
  • Una crisis económica no tiene por qué desembocar en guerras civiles, ni tampoco entre estados.
  • Sólo pueblos de distintas religiones tienen más probabilidad de entablar guerras entre ellos. Así mismo parece que los pueblos cristianos muestran más belicosidad que los de otros credos, al haber intervenido en una proporción mucho mayor de conflictos que el resto.

No obstante Richardson concluyó que ni siquiera la religión es una causa de gran importancia.

El siguiente en investigar en este ámbito es H. van Velzen y W. Wetering, quienes, en un análisis comparativo sobre residencia y conflicto, llegaban a la conclusión de que los grupos fraternos locales y la patrilinealidad constituyen las variables más significativas en relación con la frecuencia de la guerra. Algunos años más tarde, esta idea sería retomada por K.Otterbein, quien, en una nueva investigación transcultural, señalaría otra variable importante: la poliginia.

En síntesis, Otterbein sostiene que las sociedades patrilocales y poligínicas y con grupos locales fraternos recurren más fácilmente a la violencia que las no patrilocales y poligínicas y sin dichos grupos.

Es más, según este autor, las sociedades con mayor número de conflictos armados son aquellas que poseen comunidades políticas similares. Orrerbein denomina guerra interna al conflicto entre éstas, para distinguirlo del que se origina entre comunidades culturalmente distintas o guerra externa. Así, tomando como base si propia tabulación estadística resulta que, sobre una muestra de veintiocho sociedades patrilocales, un 71 % se caracteriza por guerra interna frecuente y un 19 % por guerra interna esporádica, mientras que en catorce sociedades no patrilocales, sólo un 55 % presenta conflictos internos frecuentes. La correlación entre guerra interna, patrilocalidad, poliginia y grupos locales fraternos parece, pues, sustancialmente verificada.

Concepto filosófico

Se ha sugerido, desde un punto de vista moral o filosófico, sería posible hablar de una Guerra justa o lícita. Si ese es el caso, hay que distinguir:

  • Si la guerra en general puede ser lícita.
  • Si se cumplen o garantizan las condiciones requeridas.

A primera vista parece posible proponer que la guerra no es necesariamente ilícita. Existe el derecho de autodefensa o de legítima defensa contra el enemigo exterior, cuando ese ataca injustamente a un pueblo. Si se niega este derecho de legítima defensa se robustece al agresor y se pone en peligro la paz de los pueblos. Sin embargo, se ha sugerido desde una perspectiva ética que, para que una guerra pueda tener una licitud ética, existen una serie de condicionantes adicionales:

  • Que haya una injusticia real, verdadera y de gravedad.
  • Inviabilidad de defenderse por vía pacífica.
  • Perspectiva y esperanza de éxito final.
  • Que se pueda evitar un perjuicio a terceros inocentes.

La defensa del bien público prevalece sobre cualquier derecho del agresor e incluso sobre los riesgos que puedan tener los propios agredidos. Pero se considera ilícita la matanza injusta.

Desde ese mismo punto de vista filosófico, se considera que el movimiento a favor de la paz se hace acreedor del más alto reconocimiento. Dicho movimiento es difusor de un espíritu de entendimiento y comprensión entre los pueblos. Su fin ético y moral es conseguir la paz y los acuerdos sin derramamiento de sangre.

Tratadistas

El general chino Sun Tzu, en su célebre obra El arte de la guerra, afirmó que la guerra había que ganarla antes de declararla o de que existiera en sí misma. En este aspecto, el célebre general expondría en una sucinta frase su concepción sobre el carácter de la guerra: "La guerra, es el Tao del engaño"; así, pretendería establecer que el estratega virtuoso debía basar todas sus decisiones militares, buscando primeramente distraer la atención del enemigo en los elementos más sobresalientes de su posición, y de no tenerlos, inventarlos.

El pensamiento de Sun Tzu, dejaría una profunda impronta en el pensamiento militar moderno, no sólo en reconocidos pensadores, sino también en eximios estrategas como Napoleón Bonaparte, quien en su renombrada victoria en la Batalla de Austerlitz, aplicara aquellos preceptos del engaño.

El concepto de "guerra justa" fue presentado sistemáticamente por Tomás de Aquino en Summa Theologiae.

Erasmo de Rotterdam, el reconocido humanista renacentista, calificaba a la guerra con la frase "Dulce bellum inexpertis est", cuya traducción al castellano es "La guerra es dulce para los inexpertos".

El historiador árabe Ibn Jaldún descubrió por primera vez las causas materiales de la guerra.

Carl von Clausewitz, en su clásica obra De la guerra, pensaba que la guerra moderna es "La continuación de la política por otros medios" y que el fin de la misma era "desarmar al enemigo", no exterminarlo; de aquí nació el concepto de desarme mutuo, que imposibilita toda guerra y da paso a la política. La guerra sería pues un "acto político" y esta manifestación ponía en juego lo que él consideraba el único elemento racional de la guerra.

Guerras e historia

Según la Enciclopedia mundial de las relaciones internacionales y Naciones Unidas, en los últimos 5500 años se han producido 14513 guerras que han costado 1240 millones de vidas y no han dejado sino 292 años de paz. Y únicamente entre 1960 y 1982, dicha enciclopedia calcula 65 conflictos armados (solo los que hayan producido al menos mil muertos) en 49 países, con un total de 11 millones de víctimas.[25]

El primer conflicto bélico del que se tiene constancia es el que enfrentó a las ciudades-estado sumerias de Lagash y Umma, hacia el año 2450 a.C. La disputa se produjo por unas tierras de regadío. El rey de Lagash, Eannatum, comandó el ejército, que resultó victorioso, y convirtió a Umma en un estado vasallo.[26]

Guerras contemporáneas

Los conflictos bélicos en la siguiente lista representan guerras por control de un estado, en las cuales un mínimo de 1.000 personas habrían perdido sus vidas en 2011 o 2012. Las estadísticas son del Programa de Datos sobre Conflictos de Upsala en Suecia.[27]

Guerras con más de 1000 muertos en 2010, 2011 o 2012
Inicio Guerra/conflicto País Muertos en 2010 Muertos en 2011 Muertos en 2012
2001 Guerra de Afganistán Afganistán 6,377[28] 7,418[29] 7,396[30]
1991 Guerra civil somalí Somalia 2,076[31] 1,938[32] 2,620[33]
2004 Guerra en el noroeste de Pakistán Pakistán 4,858[34] 2,599[35] 2,705[36]
2004 Conflicto de Sa'dah Yemen y Arabia Saudita 175[37] 1,140[37] 2,321[37]
2011 Conflicto de Sudán (2011) Sudán 931[39] 1,248[40] 1,119[41]
2011 Guerra Civil Siria Siria - 842[42] 55,000

Guerras récord

Según el Libro Guinness de los Récords los siguiente conflictos están cada uno en un extremo[43]

La supuesta necesidad biológica de la guerra

La Declaración de Sevilla de 1986, elaborada por un grupo de científicos de la UNESCO, enfrentó las teorías ambientalistas y biologicistas sobre el origen de la violencia concluyendo lo siguiente:

Es científicamente incorrecto afirmar que tenemos una tendencia a la guerra heredada de nuestros ancestros animales. Aunque la lucha sea un fenómeno frecuente en el reino animal, se conocen pocos casos de lucha organizada entre grupos de la misma especie, y en ninguno de éstos se emplean herramientas como armas [...] Es científicamente incorrecto afirmar que la guerra o cualquier otra forma de conducta violenta está genéticamente programada en la naturaleza humana [...] Es científicamente incorrecto afirmar que en el curso de la evolución humana ha habido una selección hacia la conducta agresiva en mayor medida que hacia otro tipo de conducta [...] Es científicamente incorrecto afirmar que los humanos tenemos un "cerebro violento" [...] Concluimos que la biología no condena a la humanidad a la guerra, y que la humanidad puede librarse de las ataduras del pesimismo biológico y, afrontar con confianza los cambios necesarios para ello.[44]

Guerra y violencia sexual

La violación (y las graves consecuencias que supone) no ha sido solo excluida tradicionalmente del listado de los horrores de la guerra, sino que tampoco estaba, hasta hace poco, reconocida jurídicamente. Se consideraba un efecto colateral inevitable, no como una transgresión de los derechos humanos, mucho menos como estrategias o herramientas para la guerra. Según afirma George Rodrigue[45]​ «la base legal para encausar a los responsables de la prostitución forzada y la esclavitud sexual ha existido desde tiempo inmemorial, aunque los procesos no se hayan realizado de manera sólida». La violación no estaba reconocida como crimen de guerra en la Convención de Ginebra de 1949 ni en el juicio de Núremberg de 1946 y este reconocimiento no le llegó hasta los tribunales ad hoc creados para la ex Yugoslavia (1993) y Ruanda (1994), así como en el Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional (TPI)[46]​. En aquellos, se define la violación como crimen contra la humanidad en el caso de que estas violaciones sean generalizadas y sistemáticas (la sistematización puede ser utilizada para demostrar la intencionalidad que precisa el crimen de genocidio[47]​, mientras que en el TPI especifica que, cuando la violación se comete como parte de un ataque contra civiles, puede ser considerada tanto un crimen de guerra como un crimen contra la humanidad[48]​. Puede ser esta una característica de las nuevas guerras, el reconociendo de la gravedad de las violaciones a las mujeres. Pero no se trata en absoluto de un fenómeno nuevo, sino una consecuencia de la guerra en Europa (Bosnia y Herzegovina) y la visibilización de sus horrores, entre los que sin duda destacó, como antes en numerosos conflictos armados, la violencia contra las mujeres.

¿Qué se consigue con la violación? A menudo, humillar, a través de la mujer, al colectivo. Con la violación no solo se destruye a la mujer sino también a los familiares que observan o son conscientes de la agresión. Muchas veces las violaciones son públicas, en grupo, en presencia del marido u otros allegados. Sin embargo, aunque los parientes cercanos también sufren las consecuencias, son las mujeres directamente violadas las que soportan en numerosas ocasiones el rechazo de la comunidad, incluso cuando se las pueda reconocer como víctimas y sean objeto de lástima. Afirma Carlos Martín Beristain[49]​ que «mientras a los hombres y las mujeres que son heridos o asesinados se les considera ‘héroes’ o ‘mártires’, el dolor de la violación se mantiene en silencio o se convierte en un «estigma». La violación es tanto un arma como una expresión de la guerra[50]​. En línea con esta afirmación, el Human Security Centre afirma que el riesgo de violencia sexual en contextos de guerra era mayor cuando las normas sobre violencia sexual anteriores al conflicto armado eran más débiles. Pero la violación no es solo instrumento de humillación, sino que también es utilizada para aterrar a las sociedades (en ocasiones para forzar su desplazamiento) o para castigar o controlar. De hecho, cabe no incluir la violación en el ámbito de la sexualidad, sino en el de la tortura[51]​. El empleo de la violación sexual como arma de guerra ha estado probado en al menos 13 países entre 2001 y 2004, aunque probablemente la cifra se quede corta. Además de expresión e instrumento, la violación también puede ser una consecuencia, porque se cree que «la guerra exacerba la violencia de género ejercida contra las mujeres en tiempo de paz».[52]

Tipos de guerras

Véase también



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